Congreso de Chihuahua simula cumplir amparo que ordena la creación de una Sala de Justicia Indígena
- LEI A.C.

- 27 mar
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Actualizado: 30 mar

Oaxaca, Oax.— Una sentencia de amparo que ordena avanzar en el reconocimiento pleno de los derechos de los pueblos indígenas en Chihuahua enfrenta hoy una resistencia institucional que reabre el debate sobre la voluntad política del Estado mexicano para garantizar la justicia intercultural.
El juicio de amparo, promovido por la organización Litigio Estratégico Indígena A.C. en conjunto con la defensora Guadalupe Pérez Holguín, marcó un precedente relevante al obligar al Congreso del Estado de Chihuahua a atender la ausencia de mecanismos jurisdiccionales especializados para los pueblos originarios. La resolución judicial reconoció la necesidad de adecuar la estructura del Poder Judicial local para garantizar el acceso efectivo a la justicia indígena.
Sin embargo, en el proceso de cumplimiento, el Congreso estatal ha optado por una ruta distinta: en lugar de crear una Sala de Justicia Indígena del Tribunal Superior de Justicia de Chihuahua —como planteaba el espíritu de la demanda—, propuso que todas las salas existentes puedan conocer asuntos relacionados con la convalidación de autoridades indígenas.
La decisión, lejos de resolver el problema de fondo, ha sido interpretada por especialistas y organizaciones como una medida dilatoria que desdibuja el mandato judicial.
Una respuesta institucional insuficiente
El planteamiento del Congreso parte de una lógica de generalización: distribuir la competencia entre todas las salas en lugar de establecer un órgano especializado. Bajo este esquema, cualquier sala podría conocer casos vinculados con sistemas normativos indígenas, particularmente aquellos relacionados con el reconocimiento de autoridades tradicionales.
No obstante, esta propuesta omite un elemento central: la especialización.
En contextos de pluralidad jurídica, como el mexicano, la creación de órganos especializados no es un capricho administrativo, sino una condición necesaria para garantizar resoluciones con perspectiva intercultural. La falta de formación específica en derechos indígenas, sistemas normativos propios y contextos comunitarios puede traducirse en decisiones que, aunque formalmente válidas, resulten materialmente injustas.
La sentencia de amparo no solo implicaba una modificación formal, sino un cambio estructural en la forma en que el Estado reconoce y articula los sistemas jurídicos indígenas.
El trasfondo: resistencia a la justicia indígena
La negativa del Congreso de Chihuahua a crear una Sala de Justicia Indígena del Tribunal Superior de Justicia de Chihuahua pone en evidencia una tensión persistente en el sistema jurídico mexicano: el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas frente a la renuencia institucional para materializarlo.
Desde la reforma constitucional de 2001, el artículo 2º reconoce el derecho de los pueblos y comunidades indígenas a aplicar sus propios sistemas normativos en la regulación y solución de sus conflictos internos. Sin embargo, en la práctica, este reconocimiento ha sido limitado por estructuras judiciales que continúan operando bajo una lógica homogénea.
El caso de Chihuahua refleja cómo, incluso ante mandatos judiciales claros, las autoridades pueden optar por interpretaciones restrictivas que minimizan el alcance de los derechos reconocidos.
Litigio estratégico frente a la simulación
Para Litigio Estratégico Indígena A.C., el juicio de amparo representa una herramienta para transformar estructuras, no solo para obtener declaraciones formales. En ese sentido, la organización ha advertido que el cumplimiento propuesto por el Congreso no satisface los estándares establecidos en la sentencia.
La figura de una Sala de Justicia Indígena del Tribunal Superior de Justicia de Chihuahua implica no solo competencia, sino también autonomía técnica, criterios especializados y un enfoque diferenciado que permita atender la complejidad de los sistemas normativos indígenas. Sustituirla por una competencia dispersa podría derivar en criterios contradictorios, falta de certeza jurídica y, en última instancia, en la reproducción de prácticas discriminatorias.
El debate, por tanto, no es meramente técnico, sino político: ¿está dispuesto el Estado a reconocer, en los hechos, la coexistencia de sistemas jurídicos?
Derechos en disputa
La propuesta del Congreso también plantea riesgos concretos para los pueblos indígenas de Chihuahua. La convalidación de autoridades tradicionales —uno de los aspectos centrales— requiere un conocimiento profundo de las formas de organización comunitaria, los procesos de elección interna y los principios culturales que los sustentan.
Sin una instancia especializada, estos procesos podrían ser evaluados bajo parámetros ajenos, lo que implicaría una forma de invalidación indirecta de la autonomía indígena.
Además, la ausencia de una Sala específica limita la posibilidad de generar precedentes consistentes que fortalezcan el reconocimiento de los sistemas normativos indígenas dentro del marco constitucional.
Un precedente en construcción
El caso se inserta en una discusión más amplia sobre el papel del Poder Judicial en contextos de diversidad cultural. En entidades como Oaxaca, donde el reconocimiento de sistemas normativos indígenas ha tenido mayores avances, la especialización ha sido clave para consolidar criterios más acordes con la realidad comunitaria.
Chihuahua, por el contrario, enfrenta ahora la oportunidad —y la obligación— de dar un paso en esa dirección.
La sentencia de amparo no solo interpela al Congreso estatal, sino que envía un mensaje más amplio sobre la necesidad de armonizar las estructuras institucionales con los derechos reconocidos en la Constitución y en instrumentos internacionales.
Entre el mandato judicial y la voluntad política
El desenlace de este proceso dependerá, en gran medida, de la interpretación que prevalezca: si el cumplimiento formal será suficiente para dar por atendida la sentencia, o si se exigirá una implementación sustantiva que garantice el acceso real a la justicia indígena.
Mientras tanto, el caso evidencia una constante en la historia reciente del país: los derechos de los pueblos indígenas avanzan en los tribunales, pero enfrentan obstáculos en su materialización institucional.
La disputa por la creación de una Sala de Justicia Indígena del Tribunal Superior de Justicia de Chihuahua no es solo un asunto local. Es, en esencia, un reflejo de la deuda estructural del Estado mexicano con los pueblos originarios y de la distancia que aún existe entre el reconocimiento jurídico y la justicia efectiva.




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